Colaboraciones

FIESTA Y AUSTERIDAD

Estaba en unos pensamientos, algo superficiales pero reales, de cómo poder compaginar: la celebración de la Navidad en familia, el no caer en el consumismo y, sobre todo, ser fiel a mi promesa futura de pobreza.

En Navidad se ha de mostrar alegría pues el acontecimiento del aniversario del nacimiento del Redentor es para producir mucho contento. Lo importante es la alegría interna pero ésta lógicamente ha de salir al exterior.

Si viviera sola posiblemente podría estar recogida y alegre al mismo tiempo sin necesidad de otras manifestaciones externas. Este no es el caso, vivo en familia y se espera celebrar la Navidad con algunos regalos y el buen yantar y además que sea yo quien lo organice.

He caído en la cuenta de que, después de criticar el consumismo, en lugar de hacer sólo un detalle-regalo a los miembros de la familia siempre “me animo” y adquiero de más de lo previsto con la escusa de “darles un momento feliz”.  Compro dulces-turrones porque “es tradición” y busco  nuevas especialidades para “ser original”. Me he vuelto cómoda y pongo un “árbol de navidad” porque decora y da menos trabajo. Al cocinar escojo cosas fáciles de hacer y me ayudo de embutidos y mariscos para poner solemnidad en la mesa. Con todo esto intento crear ambiente de fiesta.

Pero, pensaba, ¿cómo se crea verdaderamente ambiente festivo y de unidad en un grupo? colaborando todos en la organización, tener todos una tarea y quitar obligaciones superfluas. Otra reflexión: el querer hacer todo yo ¿es por servicio o por protagonismo? Quizá la verdadera fiesta navideña sea volver a costumbres pasadas y entrañables…

Por tanto este año en casa: no montaremos árbol y no haremos regalos, la mayoría inútiles, se quita “la obligación” de regalar. Entre todos montaremos un pesebre y bajaré del trastero unas maracas y panderetas para acompañarnos al cantar villancicos delante de él. Cualquier menú puede ser “un banquete” cocinado con detalle, dedicación y cariño. Mi originalidad en dulces será hacerlos caseros y ofertar a todos la posibilidad de colaborar en su elaboración….

Me he contaminado tanto por esta sociedad de consumo que he llegado a creerme que no puede haber fiesta sin comprar y que si quiero llevar una vida con cierta austeridad ya no será posible tener fiesta ni celebración en mi vida.

Mis conclusiones son: que el ambiente alegre lo da la participación de toda la familia, sobre todo el participar juntos en la causa y motivo de la celebración, y que no tiene nada que ver el deseo de austeridad con el verdadero sentir y expresión festivos.

 

A CUALQUIER EDAD SOMOS COMO NIÑAS PEQUEÑAS PARA DIOS

Estaba en un parque esperando a una persona y vi como un niño de unos 20 meses cogía algo semejante a una piedrecita y se la llevaba a su abuelo, éste, por sus gestos, parecía que se lo agradecía y se ponía contento, el niño feliz fue a buscar “otro tesoro” luego se olvidó y se sentó junto al abuelo, más tarde cogidos de la mano pasearon por el parque y les perdí de vista.

Pensé que en realidad a mí me pasa igual, quiero ofrecer algo a mi Dios y no encuentro nada de valor, me preocupo y al fin encuentro: algo que me cuesta, algún sacrificio sobrevenido, para ofrecérselo pero, a veces, yo misma le quito valor. Esta actitud a veces me produce algo de desaliento y este estado de ánimo puede hasta quitar alegría en mi relación personal con Él.

Realmente debería estar despreocupada, como ese niño, ofrecerle lo que encuentre a mi paso, ofrecerle todo lo que haga y también lo que me olvidé hacer, pero siempre con alegría y confianza, casi sin pensar, queriendo solo tenerle contento.

Para obrar de esta manera debo tomar conciencia de lo que soy para Dios: una criatura, una criatura que ha de crecer pero al tiempo adecuado y en la medida que Él quiera que lo haga.

Al Padre, como al abuelo del niño, lo que le importa es que le quiera y que intente “darle cositas” y lo que pueda darle será acorde a mi “edad de desarrollo espiritual”.

También, creo, le gustará que me sienta feliz a su lado, sin decir nada, solo estando contenta con Él: ante el Sagrario no hace falta hablar, ya se siente “la contentura” de estar ahí.

Y también le gustará que vaya paseando por el parque de la vida, confiada y alegre, siempre de la mano del Espíritu.

CUIDAR EL AMOR

Se nota enseguida, aunque no la conozcamos y cualquier que sea su edad, cuando una mujer está enamorada o tiene “una ilusión de amor”: está contenta y ríe, se arregla más y aunque lleve la misma ropa parece que le sienta mejor, le resplandece la cara y se la ve guapa aunque no lo sea, parece que no le afectan los problemas y pasa por encima de ellos….

Si es correspondida toda su fuerza va dirigida a conservar a esa persona-amor, para ello no solo se acicala externamente y le confiesa su querer al ser preguntada, sino que “estudia” a esa persona: aprende lo que le gusta y lo que no, procurando hacer lo primero y eliminando lo segundo, está atenta a sus preocupaciones, escucha y escucha lo que le cuenta, da confianza y comprensión, le ayuda en las tareas que pueda colaborar. Sin darse cuenta la mujer cambia, lo que era un acercamiento al “sentir” de la persona que quiere para atraerla, se convierte en una transformación en la manera de ver las cosas, quizá varíen sus gustos en el vestir, puede que sus aficiones ya sean otras…

Al afianzarse el amor, las personas van caminando juntas en su proyecto de vida, han llegado a parecerse mucho, y ahí el esfuerzo va en el sentido de evitar todo aquello que pueda ser una amenaza para desunirlas.

Llevando esto a mi vida, después de mi “ilusión de amor” por Dios y decidir que fuera el centro de mi vida y pedir ser admitida como aspirante MESN, me planteo: ¿mi forma de hacer es el de una mujer enamorada?

Lógicamente a Jesús le dará igual mi vestir externo, siempre que sea en el marco de lo correcto, pero sí le debe gustar que emplee tiempo en estar a su lado y trate de escucharle. ¿Me dedico a estudiar lo que le gusta en mi comportamiento y pensamiento? De igual manera ¿tengo empeño en evitar lo que intuyo le puede disgustar? ¿Trato de conocerle, “buscar pistas” en los escritos del Nuevo y Antiguo Testamentos para que no se me escape nada de cómo es? ¿Hago mía su preocupación de que se haga justicia, en su sentido más amplio, a todas las gentes del mundo? ¿Le ayudo en el trabajo de enseñar cuál es el verdadero Camino y la verdadera Vida? ¿El Amor me está transformando?

Si no procedo así, no me conduzco como una mujer enamorada. Si no uso estas artimañas de atracción, si no varío para poco a poco parecerme un poco más a ÉL, si no encamino mis esfuerzos en vivir cada vez más unida a Jesús…todo habrá sido solo una “ilusión de amor”.

Todo amor, humano y divino, precisa dedicación y esfuerzo. En el caso del amor de Dios hay mucho ganado: sabemos con certeza que no va a ser infiel, para Él cada una “es única” y nuestras manifestaciones de afecto nos son devueltas aumentadas.

Es evidente que para perseverar y ser MESN lo que he de hacer es CUIDAR EL AMOR, no ahora sino a lo largo del tiempo, siempre…

 

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