Tema de formación permanente: Jesús-Eucaristía, un Dios que ama
“Jesús nos enseña en el Sacramento de la Eucaristía, la verdad del Amor, que es la esencia misma de Dios. Ésta es la verdad evangélica que interesa a cada hombre y a todo el hombre. Por eso, la Iglesia cuyo centro vital es la Eucaristía, se compromete constantemente a anunciar a todos “a tiempo y a destiempo“ que Dios es Amor. ( …) (1) Su Santidad Benedicto XVI, expresa que: “La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús“…(2) Un acto oblativo mediante el cual, Él nos ha demostrado un amor hasta el extremo, dándonos su Cuerpo y Sangre en alimento, para que nosotros sigamos sus huellas y también como Él hagamos de nuestra vida una oblación, una entrega generosa.
La vida cotidiana nos presenta constantemente muchas oportunidades para realizar nuestras pequeñas y grandes oblaciones; en la responsabilidad del trabajo, en la situación de nuestra familia; en la aceptación de nuestras limitaciones físicas o espirituales; en la realidad de nuestro trabajo apostólico; en las exigencias de la convivencia fraterna; etc. Nuestro Fundador, nos señala la Cruz como expresión máxima de la oblación de Jesús, diciendo:”¡Qué bien señala esa Cruz el camino de Jesús y de sus enviados! La Cruz, que durante unas horas fue suplicio, ha quedado constituida para siempre en gráfico divino. Gráfico de la vida del cristiano y gráfico del camino de la Redención”. (P. 4956). “El evangelista San Juan (…) en el mismo capítulo de la multiplicación de los panes y de los peces y de la primera promesa de la Eucaristía, tiene que consignar esta tristísima frase: “Desde entonces muchos de sus discípulos dejaron de seguirle, y ya no andaban con El“.
“Y eran tantos los que lo iban dejando, que ya lo vemos en el Huerto y el Pretorio y en el Calvario, ¡o solo o, a lo más, acompañado de su Madre, de un discípulo y de unas piadosas Marías! ¿Se puede llegar a más fracaso del prestigio y a más dolores del cuerpo y más penas del corazón como en el último año de vida pública, y, sobre todo, en el llamado proceso de la Pasión, y en su remate, la crucifixión, a que ha llegado Jesús? ¿Verdad que no? ¡No lo olvidemos! Aunque hagamos nuestra labor, que es la obra de Dios, lo mejor que podamos y sepamos, y recibamos a las veces, y, sobre todo en los comienzos, aplausos y parabienes, no creamos que hemos llegado al triunfo. Para llegar a él hay que bajar primero, morir o dejar crucificar y enterrar nuestro amor propio y miras mezquinas, y quizá, quizá hasta nuestra vida terrena, y después, ¡sólo después!, ¡el triunfo de Jesús, el de nuestra obra y el nuestro también!“. (3) Este es el camino de todo misionero, de todo aquel que desea dar testimonio de Jesús y de su mensaje evangélico. Que se grabe a fuego en nuestros corazones, la invitación de nuestro Fundador a aceptar el lenguaje misterioso de la Cruz, como única condición para la fecundidad de nuestra vida, para afrontar con valentía las exigencias del seguimiento de Aquel, “que nos amó hasta el extremo“.
(1) Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis. P. 2
(2) Ibidem. P. 11
(3) Beato Manuel González García, Obras Completas, “Apostolados Menudos“. Punto 4956 – 4964 Trabajo práctico Te sugerimos completar esta reflexión, meditando los siguientes textos: – De nuestro Fundador, “Apostolados Menudos“- Obras Completas – Cap. III, titulado “El lema de nuestros apostolados“. Punto 4969 al 4971 inclusive. -
Su Santidad Benedicto XVI, Exhortación Apostólica, “Sacramentum Caritatis“, de la Primera Parte, punto 10, titulado: “Institución de la Eucaristía“. ¿Qué actitud interior es necesaria para afrontar con madurez las exigencias de la misión? Bibliografía: Beato Manuel González García, Obras Completas. Su Santidad Benedicto XVI, Exhortación Apostólica “Sacramentum Caritatis“.
María del Valle Ochoa, Mesn, Argentina
