Queridas Misioneras Eucarísticas Seglares de Nazaret:
Empezamos un nuevo año 2010. Mi petición para cada una de nosotras es: Que se cumpla el deseo de Dios en ti.
Así canta un poeta sobre el sueño:
El sueño es un espejo de la vida
que nos mira por dentro.
El sueño nos reviste de colores,
y nos acerca nuestras propias ilusiones y deseos.
¿Cómo se realizará el sueño que Dios tiene sobre ti en este año que empezamos?
Si tu vida crece cada día y eres germen de crecimiento para los demás.
Dice una expresión agustiniana: El hombre es un dios en crecimiento, un dios en semilla, en desarrollo, se trata de una realidad dinámica. Estamos llamados a ser Dios, Él pone en nosotras la semilla, depende de cómo la cultivemos.
Sí, Misionera Eucarística Seglar de Nazaret, eres semilla de Dios. Cultívala con amor y con el abono del amor hazla crecer. Aliméntate de amor y crecerá tu estatura divina, ya que Dios es la profundidad de tu ser, el que te descubre lo que eres tu misma, el que te descubre eso que estás llamada a ser, a eso más íntimo, a eso más elevado que hay en ti, a tu mejor realidad, es decir a vivir en y para el amor, a vivir en libertad, a llenarte de frutos, de alegría interminable.
Tu crecimiento está en el ser, en tu vida interior, en tu realización auténtica, en el desarrollo de tus capacidades, en la posibilidad de crear, en la relación amistosa, en la grandeza de los objetivos, en la claridad de motivaciones, en una palabra en la intensidad del amor.
Decían nuestros místicos: El amor es energía creadora, no ocupa espacio, sino que tiene un efecto dilatador y ensanchador. Lo sostiene todo, lo aguanta todo, lo supera todo, se atreve a todo. Ya pueden venir huracanes y tempestades; ahí está el amor venciendo y convirtiendo la misma dificultad en gracia y en dinamismo creador. Pasa como con el fuego: si es débil cualquier soplo lo apaga; pero si es fuerte el viento lo hace crecer.
Nuestra espiritualidad es dinámica y superadora. Es tiempo de crear. Dios nos ha creado creadores. Ese es el mayor don, el que hace de la persona que recibe un dador. Es bueno darnos cuenta que somos creadoras, ya que algunas veces nos contentamos con no destruir, es decir con una espiritualidad conservadora, como aquel que guardaba el talento para no perderlo, pero fue condenado, no porque hiciera ninguna injusticia, sino por que no hizo nada, y el no hacer nada es injusticia.
Crecer es vivir para darse, para dar vida, sembrar la vida por el desierto, hacerse ternura y pan crujiente, hacerse madre, samaritano de los caminos, hasta gastarse.
Si creces en audacia y compromiso
Nos falta audacia y compromiso. Tal vez olvidamos algunas veces que somos: luz, sal y fermento. Debemos, por tanto acercarnos donde haya oscuridad, injusticia o desamor. Allí debemos ir con nuestra luz. Dondequiera se decida la suerte de los hombres, sea en los grandes foros, sea en los cenáculos pequeños y grupos. Dondequiera que se pueda jugar una baza a favor de la justicia y la paz, dondequiera se pueda derribar un muro o construir un puente, dondequiera se pueda hacer florecer la vida, allí debe estar la Misionera Eucarística Seglar de Nazaret. Su acción y su compromiso son otros tantos renuevos, otras tantas semillas del Reino.
Debemos crecer en compromiso y servicio, en acogida y cordialidad, en respeto y responsabilidad, en libertad y participación, en encuentro y diálogo, en disponibilidad desinteresada, en solidaridad profunda, en valores que apunten “hacia arriba”, en una palabra en la civilización del amor.
Si el mundo sigue corrompido, ¿no será porque nuestra sal se ha vuelto sosa? Si el mundo le falta alma, ¿no será porque también nos falta a nosotras Espíritu? No lo olvides una vez más: estás llamada a se “alma del mundo”.
Recordemos que el profeta, el testigo, el creyente, es “el hombre de Dios en el mundo del hombre”.
Que María interceda para que nuestra vida, sea un continuo crecimiento.
Un abrazo y mi oración, vuestra:
Hna. Mª Dolores Moral Cobo
Delegada General
