“Eucaristía Palabra Viva”
“En la Mesa de la Palabra”
En el primer tema reflexionamos sobre la Consagración secular a la luz de la Palabra y guiadas por la voz de la Iglesia. En este segundo tema seguiremos la misma trayectoria deteniéndonos los tres puntos que quedaron pendientes.

Tema II
Un gran equilibrio entre consagración y secularidad.
El término “secularidad” está tomado aquí en su aspecto positivo y no como oposición a “religioso”. Debemos a Pablo VI la ubicación de este término en “una perspectiva más amplia, como dimensión de la misma Iglesia, inherente a su naturaleza íntima y a su misión cuya raíz se hunde en el mismo misterio del Verbo Encarnado” 1
Estas palabras encierran términos esenciales a la consagración, una vida consagrada es algo más que un compromiso privado, debe tener una dimensión eclesial. Se otorga cono miras a una misión, y es un entraren el dinamismo de la consagración de Cristo.
Un consagrado secular no es un religioso en el mundo, es y representa el ideal del apóstol laico, que participa y colabora en la misión de la Iglesia en el mundo.
La opción de consagración secular es una toma de conciencia de “estar en el mundo como lugar propio vuestro de responsabilidad cristiana” nos recordaba Pablo VI, es “un modo de ser Iglesia, nos recuerda Pablo VI, de hacerla presente, de salvarnos y de anunciar la salvación”.
Juan Pablo II nos decía: “…no cambiéis vuestra condición, ¡sois y os mantenéis laicos!”
La secularidad consagrada es la máxima realización de la secularidad. Y no estamos hablando de mayor o menor perfección, términos ya superados. Todo bautizado está llamado a la santidad, lo que conlleva una igualdad entre todo independientemente de la opción de entrega que elija. Esta y los medios elegidos para la santidad es la unidad en la diversidad. “Así, dentro de la diversidad, todos dan testimonio de la maravillosa unidad en el Cuerpo de Cristo. En efecto, la propia diversidad de gracias, de servicios y de actividades reúne en la unidad los hijos de Dios, pues todo esto lo hace el único y mismo Espíritu (1Cor 12, 11)”2
A este respecto el Cardenal Pironio, refriéndose a la consagración secular, en este caso concretamente a los Institutos Seculares, nos recuerda: “Esta consagración especial (…) no arranca del mundo, no paraliza su actividad temporal, sino que la vivifica y dinamiza, le confiere mayor realismo, profundidad y eficacia, al liberarla de satisfacciones, intereses y búsquedas, que de algún modo se relacionan con el egoísmo. La consagración secular al abrir al radicalismo absoluto del amor a Dios, los dispone para una encarnación más honda en el mundo, para una secularidad pura y libre, purificadora y liberadora”3
Después de esta cita poco queda ya que decir no sólo de la relación entre consagración y secularidad sino sobre todo de la grandeza de esta conjunción, por ello basándonos en las palabras de Pablo VI podemos afirmar, que la consagración secular es nueva y original, suscitada por el Espíritu Santo para ser vivida dentro del mundo a fin de informar con la fuerza de los consejos evangélicos los valores humanos y temporales.
Nuestra consagración secular, como decíamos en el primer tema de be ser:
Una consagración que impregne toda nuestra vida y actividades diarias, creando una total disponibilidad al Espíritu.
La consagración tiene un carácter de totalidad. Comprende a toda la persona y abarca toda su vida. Por medio de la profesión de los consejos evangélicos, con votos o promesas, el hombre se entrega a sí mismo en totalidad a Dios.
Ahora bien, la persona sólo se entrega en totalidad y se deja poseer, consintiendo activamente en la acción de Dios, cuando de verdad ama y cuando es amada. La consagración sólo puede entenderse y explicarse desde la categoría suprema del amor y del amor total. Desde el amor de Dios, primeramente; y desde el amor que Él derrama y crea en la persona. El amor es un don. Y amar es darse.
También la vida consagrada es un acto que genera un proceso. La configuración con Cristo virgen -pobre- obediente debe ir creciendo ininterrumpidamente hasta llegar a ser, de verdad, una pura transparencia de Jesús. Esta configuración sólo es posible por la acción del Espíritu, por ello la necesidad de nuestra docilidad, nuestra renuncia y nuestro vivir sólo para dar mayor gloria Dios: “Mi Padre será glorificado si dais fruto abundante y sois mis discípulos”4
Por ello dirigimos nuestra mirada a Jesucristo vivo. Él nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.5 El está en nuestros corazones de seculares consagradas, mediante la fe y la caridad, por la acción del Espíritu Santo y en la Eucaristía.
Debemos vivir en comunión entre nosotros y con Dios, para promover en el mundo los “nuevos caminos de comunión y de colaboración, aunando esfuerzos entre personas consagradas y laicos en orden a la misión”6
De ahí la necesidad por nuestra parte de un testimonio de santidad más vibrante y transparente como consagradas, con los dones que cada una hemos recibido. Santidad en las ocupaciones y circunstancias de la vida, es el medio más eficaz para ser la “sal” de la tierra y la “luz” que el mundo necesita hoy.
Vivamos la solidaridad cristiana, como puesta en práctica del mandamiento del amor que tiene su origen en la fe en un Dios, siempre solidario, respecto al hombre que crea por amor, que no lo abandona caído en el pecado, sino que le ofrece la salvación .
Para nosotras implica la solidaridad un compromiso religioso y ético, que regula de igual manera la vida espiritual con Dios y la preocupación por los pobres, los deberes para con Dios y las obligaciones con el prójimo.
Nuestra consagración vivida en el mundo ha de ser ante todo testimonio de vida. Jesús a sus apóstoles los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra, para que la fuerza del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social7
Nuestro Padre a este respecto nos dice cómo Jesús que “realiza sus milagros en un instante; en la formación de sus apóstoles emplea los tres años largos de su vida pública, los cuarentas de su vida de resucitado en la tierra y la consuma con la venida del Espíritu Santo” 8
Ciertamente que nuestra misión ha de llevarse a cabo con los medios que el mundo ofrece, pero hay que tener presente que siempre nos tenemos que dejar guiar de la Palabra de Dios, debemos ser colaboradores de Dios para la santificación del mundo, pero sin contaminarnos de lo que nos aparte de la soberanía de Dios.
Este sería un buen momento para detenernos a hablar de la importancia del apostolado en la consagración secular, pero por su extensión necesita un espacio propio.
Completamos los puntos pendientes exponiendo algunas ideas sobre:
Un radicalismo en el compromiso de los consejos evangélicos
La secularidad influye en el modo de seguir los consejos evangélicos, no porque se atenúe el rigor de su seguimiento, sino porque “adquieren un significado nuevo, de especial actualidad en el tiempo presente:
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la castidad se convierte en ejercicio y en ejemplo vivo de dominio de sí mismo y de vida en el espíritu, orientada a las realidades celestiales, en un mundo que se repliega sobre sí mismo y deja a rienda suelta los propios instintos
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la pobreza se hace modelo de la relación que se debe tener con los bienes creados y con su recto juicio, (…) vuestra pobreza es signo de solidaridad y de presencia con los hermanos que sufren.
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La obediencia se convierte en testimonio de la humilde aceptación de la mediación de la Iglesia y, más general, de la sabiduría de Dios (…) y en este momento de crisis de autoridad, vuestra obediencia se transforma en testimonio de lo que es el orden cristiano del universo”9
La Santísima Virgen María es para nosotros modelo de nuestra entrega como consagradas seculares, Ella viviendo en virginidad, pobreza y obediencia se vivió en sacrificio de sí misma y en autodonación a Dios y a los hombres. Por eso es justamente llamada “Modelo y amparo de toda vida consagrada”10
CUESTIONARIO:
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¿Cómo relacionarías “ser Iglesia haciéndola presente en el mundo y los diversos apostolados que nos ofrece nuestro Padre en su libro: “Apostolados Menudos”?
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“El amor es un don y amar es darse”, ¿cómo relacionarías este concepto con las renuncias de Jesús expuestas por nuestro Padre en “Mi comunión de María”
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La obediencia es ante todo ponerse en las manos de Dios. Busca citas de nuestro Padre que hable de confianza en Jesús
1 Pablo VI en su alocución a los Institutos Seculares, año 1972. Esta nota está tomada del libro “Los Institutos Seculares: Ser y quehacer” Juan Manuel Cabezas
2 Lumen Gentium, 32
3 Nota tomada del libro ya citado, “Los Institutos Seculares”
4 Jn. 15, 8
5 Jn. 14, 6
6 Vita Consecrata, 55
7 L. Gentium,35
8 “Así ama Él” Beato Manuel González
9 Alocución de Pablo VI año 1972. Nota tomada del libro ya citado, “Los Institutos Seculares”
10 Can 663,4